balconcillos

30 Noviembre 2009

sé que cometo una falta grave

Archivado en: poemas, samuel beckett — Etiquetas: — loqasto @ 6:26

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Durante la noche he tenido que reflexionar sobre mi empleo del tiempo. Creo que podré

contarme cuatro historias, cada una sobre un tema distinto. Una sobre un hombre, otra sobre

una mujer, la tercera sobre cualquier cosa, y la última sobre un animal, un pájaro tal vez.

Creo no olvidar nada. Estaría bien. Quizá ponga al hombre y a la mujer en la misma historia,

hay tan poca diferencia entre un hombre y una mujer, quiero decir entre los míos. Es posible

que no tenga tiempo para terminar. Por otro lado, tal vez termine demasiado pronto. Heme

aquí de nuevo en mis viejas aporías. Pero ¿son verdaderas aporías? No lo sé. Que yo no

termine, no importa. ¿Y si debiera terminar demasiado pronto? Tampoco importa. Porque

entonces hablaré de las cosas que aún quedan en mi poder; es un proyecto muy viejo. Será una

especie de inventario. De todos modos, debo dejarlo para el último momento, para tener la

seguridad de no haberme equivocado. Por otra parte, lo haré indudablemente, pase lo que

pase. Sólo necesitaré como máximo un cuarto de hora. Es decir, si quisiera podría tomarme

mucho más tiempo. Pero, si en el último momento me faltara tiempo, me bastaría un breve

cuarto de hora para redactar mi inventario. Desde ahora quiero ser claro sin ser maniático;

forma parte de mis proyectos. Es evidente que puedo expirar de repente, de un momento a

otro. ¿No sería mejor, pues, hablar ya de mis pertenencias, sin esperar más? ¿No sería más

prudente? ¿Aunque, en caso necesario, debiera hacer las correcciones en el último momento?

La razón me aconseja eso. Pero la razón, ahora, tiene poco poder sobre mí. Todo coincide

para alentarme. Pero morir sin dejar un inventario, ¿puedo resignarme realmente a esa

posibilidad? Ya me estoy poniendo pedante de nuevo. Hay que suponer que me resigno, puesto

que voy a correr el riesgo. Durante toda mi vida he evitado hacer este balance diciéndome:

“Demasiado pronto, demasiado pronto.” Pues bien, aún es demasiado pronto. Durante toda mi

vida he soñado en el instante en que, seguro al fin, en la medida en que uno puede estarlo

antes de haberlo perdido todo, podría trazar raya y sumar. Este instante parece inminente.

Por tanto, no perderé mí sangre fría. Así, pues, primero mis historias, y en último lugar, si

todo va bien, mi inventario. Empezaré, para salir de ello, por el hombre y la mujer. Será la

primera historia, no hay materia para dos historias. Sólo habrá, pues, tres historias: la que

acabo de citar; después, la del animal; después, la de la cosa, una piedra seguramente. Todo

está perfectamente claro. Acto seguido me ocuparé de mis pertenencias. Si al terminar vivo

aún, haré cuanto sea necesario para tener la seguridad de no haberme equivocado. Está

decidido. Antes no sabía a dónde iba; sin embargo, sabía que llegaría, sabía que alcanzaría

este largo camino oscuro. ¡Dios mío, cuántas aproximaciones! Bien. Ahora hay que jugar. Me

cuesta acostumbrarme a la idea. La vieja niebla me llama. Ahora hay que decir lo contrario.

Porque presiento que no llegaré al final de este camino perfectamente señalado. Pero

conservo la esperanza. Me pregunto si en este momento estoy en trance de perder tiempo o de

ganarlo. Antes de empezar mis historias, he decidido recordar brevemente mi situación

actual. Creo que hago mal. Es una debilidad. Pero me la permitiré. A continuación jugaré con

mucho más ardor. Por otra parte, estará en consonancia con el inventario. La estética es,

pues, algo para mí, determinada estética. Ya que deberé adoptar una actitud seria para

hablar de mis pertenencias. Así, pues, he aquí el tiempo que me queda dividido en cinco.

¿Cinco qué? No lo sé. Supongo que todo se divide en sí mismo. Si me abandono a la reflexión,

estropearé mi muerte. Debo decir que hay algo atractivo en esa perspectiva. Pero estoy sobre

aviso. Desde hace algunos días todo me parece atractivo. Volvamos a los cinco. Situación

actual, tres historias, inventario; eso es todo. No hay que excluir algunos intermedios. Es un

programa. Sólo me apartaré de él en la medida en que no pueda actuar de otro modo. Está

decidido. Sé que cometo una falta grave. No importa.

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Samuel Beckett

De Malone muere

Alianza Editorial, 2006

Traducción de Ana María Moix


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