-
Durante la noche he tenido que reflexionar sobre mi empleo del tiempo. Creo que podré
contarme cuatro historias, cada una sobre un tema distinto. Una sobre un hombre, otra sobre
una mujer, la tercera sobre cualquier cosa, y la última sobre un animal, un pájaro tal vez.
Creo no olvidar nada. Estaría bien. Quizá ponga al hombre y a la mujer en la misma historia,
hay tan poca diferencia entre un hombre y una mujer, quiero decir entre los míos. Es posible
que no tenga tiempo para terminar. Por otro lado, tal vez termine demasiado pronto. Heme
aquí de nuevo en mis viejas aporías. Pero ¿son verdaderas aporías? No lo sé. Que yo no
termine, no importa. ¿Y si debiera terminar demasiado pronto? Tampoco importa. Porque
entonces hablaré de las cosas que aún quedan en mi poder; es un proyecto muy viejo. Será una
especie de inventario. De todos modos, debo dejarlo para el último momento, para tener la
seguridad de no haberme equivocado. Por otra parte, lo haré indudablemente, pase lo que
pase. Sólo necesitaré como máximo un cuarto de hora. Es decir, si quisiera podría tomarme
mucho más tiempo. Pero, si en el último momento me faltara tiempo, me bastaría un breve
cuarto de hora para redactar mi inventario. Desde ahora quiero ser claro sin ser maniático;
forma parte de mis proyectos. Es evidente que puedo expirar de repente, de un momento a
otro. ¿No sería mejor, pues, hablar ya de mis pertenencias, sin esperar más? ¿No sería más
prudente? ¿Aunque, en caso necesario, debiera hacer las correcciones en el último momento?
La razón me aconseja eso. Pero la razón, ahora, tiene poco poder sobre mí. Todo coincide
para alentarme. Pero morir sin dejar un inventario, ¿puedo resignarme realmente a esa
posibilidad? Ya me estoy poniendo pedante de nuevo. Hay que suponer que me resigno, puesto
que voy a correr el riesgo. Durante toda mi vida he evitado hacer este balance diciéndome:
“Demasiado pronto, demasiado pronto.” Pues bien, aún es demasiado pronto. Durante toda mi
vida he soñado en el instante en que, seguro al fin, en la medida en que uno puede estarlo
antes de haberlo perdido todo, podría trazar raya y sumar. Este instante parece inminente.
Por tanto, no perderé mí sangre fría. Así, pues, primero mis historias, y en último lugar, si
todo va bien, mi inventario. Empezaré, para salir de ello, por el hombre y la mujer. Será la
primera historia, no hay materia para dos historias. Sólo habrá, pues, tres historias: la que
acabo de citar; después, la del animal; después, la de la cosa, una piedra seguramente. Todo
está perfectamente claro. Acto seguido me ocuparé de mis pertenencias. Si al terminar vivo
aún, haré cuanto sea necesario para tener la seguridad de no haberme equivocado. Está
decidido. Antes no sabía a dónde iba; sin embargo, sabía que llegaría, sabía que alcanzaría
este largo camino oscuro. ¡Dios mío, cuántas aproximaciones! Bien. Ahora hay que jugar. Me
cuesta acostumbrarme a la idea. La vieja niebla me llama. Ahora hay que decir lo contrario.
Porque presiento que no llegaré al final de este camino perfectamente señalado. Pero
conservo la esperanza. Me pregunto si en este momento estoy en trance de perder tiempo o de
ganarlo. Antes de empezar mis historias, he decidido recordar brevemente mi situación
actual. Creo que hago mal. Es una debilidad. Pero me la permitiré. A continuación jugaré con
mucho más ardor. Por otra parte, estará en consonancia con el inventario. La estética es,
pues, algo para mí, determinada estética. Ya que deberé adoptar una actitud seria para
hablar de mis pertenencias. Así, pues, he aquí el tiempo que me queda dividido en cinco.
¿Cinco qué? No lo sé. Supongo que todo se divide en sí mismo. Si me abandono a la reflexión,
estropearé mi muerte. Debo decir que hay algo atractivo en esa perspectiva. Pero estoy sobre
aviso. Desde hace algunos días todo me parece atractivo. Volvamos a los cinco. Situación
actual, tres historias, inventario; eso es todo. No hay que excluir algunos intermedios. Es un
programa. Sólo me apartaré de él en la medida en que no pueda actuar de otro modo. Está
decidido. Sé que cometo una falta grave. No importa.
-
-
Samuel Beckett
De Malone muere
Alianza Editorial, 2006
Traducción de Ana María Moix
-



