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Sobre un sendero yace un escarabajo muerto.
Ha doblado con cuidado sus tres pares de patitas sobre el vientre.
En lugar del caos de la muerte –orden y esmero.
El horror de esta imagen es moderado,
el alcance estrictamente local, entre la grama y la menta.
La tristeza no contamina.
El cielo es azul.
Para nuestra tranquilidad, su muerte es más superficial
los animales no fallecen, simplemente, se mueren
perdiendo –no queremos creerlo– menos sentimiento y menos mundo,
al abandonar –pensamos– un escenario menos trágico.
Sus ánimas sumisas no nos asustan de noche,
respetan la distancia,
saben qué es el rigor.
Y aquí está sobre el sendero el escarabajo muerto,
en un estado no lamentable brilla el sol.
Da lo mismo pensar en él o mirarle:
no parece que le haya pasado nada importante.
Lo importante, dicen, sólo está unido a nosotros.
Sólo a nuestra vida, sólo a nuestra muerte,
la muerte que se regocija de su forzada primacía.
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Wislawa Szymborska
Visto desde arriba
De El gran número. Fin y principio y otros poemas. Hiperión, 1998
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