balconcillos

11 Noviembre 2009

y su caballo, inmóvil ante el infinito

Archivado en: antonio gamoneda, poemas — Etiquetas: — loqasto @ 8:20

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Son las cinco, amada mía.
Afuera,
con su sed, su extraño cuchicheo, su techo de tierra
y su caballo viejo y enfermo, inmóvil ante el infinito;
afuera,
con su industria y sus almacenes,
con todo lo que, en fin, es preciso
para volver loco al hombre que está dentro;
afuera,
roja en el espacio sin árboles,
hay una tarde de estepa que desciende.

Pronto será la noche. Bruscamente,
una luz descubrirá al caballo viejo,
y esta naturaleza sin esperanza,
que está ahí acostada como un muerto de rostro duro,
de repente llenará de estrellas su ausencia de árboles.
Éste será el fin natural del asunto.
Es decir, todo estará preparado,
todo en su sitio, todo dispuesto
para una suntuosa nostalgia.

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Antonio Gamoneda
Carta
De Mudanzas, 1961-2003
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2 comentarios »

  1. Para Gamoneda los caballos tampoco son animales materiales.

    En este caso cocreto creo que el caballo viejo -y seguramente blanco- es el miedo la fuerza que se extingue. Esla tristeza vencida.

    Me quedan muchas impresiones dentro.

    Salud

    Comment por Vladimira — 18 Noviembre 2009 @ 0:42

    • Vendría a ser un caballo humano, por lo que dices. Tal vez él mismo. La luz de la noche -de la

      oscuridad- lo va a descubrir, y entonces llegará el descanso, el alivio de la luz roja y de los

      elementos enloquecedores del día.

      Estaba pensando que O. Girondo tiene un poema que termina, más o menos: decían que era un

      caballo, yo creo que era un ángel. Lo buscaré.

      A ver qué sucede con tus impresiones.

      Gracias por pensar y por sentir, o como se llame eso que haces o te sucede.

      loqax

      Comment por loqasto — 18 Noviembre 2009 @ 1:34


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