balconcillos

10 Febrero 2010

nunca fueron los mismos

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La muerte de Marilyn Monroe

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Palparon los de la ambulancia el cuerpo,

frío, lo subieron, pesado como el hierro,

a la camilla, le intentaron cerrar

la boca, le cerraron los ojos, ataron

los brazos a los lados, apartaron un mechón

de pelo enredado, como si importara,

vieron la forma de sus pechos, aplastados por

la gravedad, bajo la sábana,

se la llevaron, como si se tratara de ella,

escaleras abajo.

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Esos hombres nunca fueron los mismos. Salieron

después, igual que hacían siempre,

a tomar una copa o dos, pero no podían

mirarse a los ojos.

…………….Dieron sus vidas

un vuelco- uno sufría pesadillas, dolores

extraños, impotencia, depresión. A otro

no le gustaba su trabajo, su mujer le parecía

diferente, sus hijos. Incluso la muerte

se le antojaba distinta -un lugar donde ella

le estaría esperando,

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y el otro se encontró a sí mismo por la noche

en el umbral de la habitación del sueño, escuchando

a una mujer respirar, tan sólo una mujer

normal

respirando.

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…………………..

The death of Marilyn Monroe

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The ambulance men touched her cold

body, lifted it, heavy as iron,

onto the stretcher, tried to close the

mouth, closed the eyes, tied the

arms to the sides, moved a caught

strand of hair, as if it mattered,

saw the shape of her breasts, flattened by

gravity, under the sheet

carried her, as if it were she,

down the steps.

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These men were never the same. They went out

afterwards, as they always did,

for a drink or two, but they could not meet

each other’s eyes.

……………………………Their lives took

a turn–one had nightmares, strange

pains, impotence, depression. One did not

like his work, his wife looked

different, his kids. Even death

seemed different to him–a place where she

would be waiting,

-

and one found himself standing at night

in the doorway to a room of sleep, listening to a

woman breathing, just an ordinary

woman

breathing.

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Sharon Olds

La muerte de Marilyn Monroe

Los Muertos y los Vivos

Bartleby Editores

Traducción de J.J Almagro Iglesias y Carlos Jimenez Arribas

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y sin embargo, sólo miro

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Soy funambulista

La vida es mi circo.

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Soy alpinista

La vida es el filo.

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A un lado, miedo, angustia, desesperación…negrura

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Al otro, el disolvente mágico

Que convierte eso en esto

Aquello en mío.

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Deberían poder mezclarse

Tendría que horadar el filo

Tendría que liberar a las fieras

Desmaquillar a sus domadores.

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Y sin embargo, sólo miro.

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Miro eso que está tan cerca como un horizonte

.

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Vladimira Pund

sin título

10 de febrero de 2010

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¿quieres preguntarme si estoy sola?

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Canción

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Te preguntas si estoy sola:

pues sí, estoy sola

como un avión que viaja solitario y horizontal

siguiendo las señales de radio, dirigiéndose

a cruzar las Rocosas

por la sucesión de pasillos azules

de un campo de aterrizaje sobre el océano

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¿Quieres preguntarme si estoy sola?

Bien, por supuesto, sola

como una mujer que conduce a través del país

día tras día, dejando atrás

milla tras milla

pequeñas ciudades en las que podría haber parado

y vivido y muerto, sola

-

Si estoy sola

debe ser la soledad

de despertar primero, de respirar

el primer soplo de aire frío del alba sobre la ciudad

de ser la que está despierta

en una casa envuelta en sueño

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Si estoy sola

es con la firmeza del bote helado en la costa

en la última luz roja del año

que sabe lo que es, que sabe que no es

hielo ni lodo ni luz invernal

sino madera, con el don de arder

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……………

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Song

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You’re wondering if I’m lonely:
OK then, yes, I’m lonely
as a plane rides lonely and level
on its radio beam, aiming
across the Rockies
for the blue-strung aisles
of an airfield on the ocean.

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You want to ask, am I lonely?
Well, of course, lonely
as a woman driving across country
day after day, leaving behind
mile after mile
little towns she might have stopped
and lived and died in, lonely

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If I’m lonely
it must be the loneliness
of waking first, of breathing
dawns’ first cold breath on the city
of being the one awake
in a house wrapped in sleep

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If I’m lonely
it’s with the rowboat ice-fast on the shore
in the last red light of the year
that knows what it is, that knows it’s neither
ice nor mud nor winter light
but wood, with a gift for burning

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Adrienne Rich

Canción

Poemas (1963-2000)

Editorial Renacimiento

Traducido por Maria Soledad Sánchez Gómez

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9 Febrero 2010

la sección c del diccionario

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El cordón

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El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar en la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.
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Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente-
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento
junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.
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Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.
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Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo la regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea
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y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.
-
Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño-no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.

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……….


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The Lanyard

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The other day I was ricocheting slowly

off the blue walls of this room,

moving as if underwater from typewriter to piano,

from bookshelf to an envelope lying on the floor,

when I found myself in the L section of the dictionary

where my eyes fell upon the word lanyard.

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No cookie nibbled by a French novelist

could send one into the past more suddenly—

a past where I sat at a workbench at a camp

by a deep Adirondack lake

learning how to braid long thin plastic strips

into a lanyard, a gift for my mother.

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I had never seen anyone use a lanyard

or wear one, if that’s what you did with them,

but that did not keep me from crossing

strand over strand again and again

until I had made a boxy

red and white lanyard for my mother.

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She gave me life and milk from her breasts,

and I gave her a lanyard.

She nursed me in many a sick room,

lifted spoons of medicine to my lips,

laid cold face-cloths on my forehead,

and then led me out into the airy light

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and taught me to walk and swim,

and I, in turn, presented her with a lanyard.

Here are thousands of meals, she said,

and here is clothing and a good education.

And here is your lanyard, I replied,

which I made with a little help from a counselor.

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Here is a breathing body and a beating heart,

strong legs, bones and teeth,

and two clear eyes to read the world, she whispered,

and here, I said, is the lanyard I made at camp.

And here, I wish to say to her now,

is a smaller gift—not the worn truth

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that you can never repay your mother,

but the rueful admission that when she took

the two-tone lanyard from my hand,

I was as sure as a boy could be

that this useless, worthless thing I wove

out of boredom would be enough to make us even.

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-Billy Collins

El cordón

De Lo malo de la poesía y otros poemas

Bartleby Editores

Traducción de José Almagro Iglesias

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se hacía tarde en todo, para siempre.

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Recuerdos de matrimonio

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Buscábamos un subsuelo donde vivir,
cualquier lugar que no fuera una casa de huéspedes.
……El paraíso perdido
tomaba ahora su verdadero aspecto: uno de esos pequeños departamentos
que se arriendan por un precio todavía razonable
pero a las seis de la mañana. “Ayer no más lo tomó un
matrimonio joven”.
Mientras íbamos y veníamos en la oscuridad en direcciones capciosas.
El hombre es un lobo para el hombre y el lobo una dueña de casa de pensión
con los dientes cariados,
húmeda en las axilas, dudosamente viuda.
Y allí donde el periódico nos invitaba a vivir se alzaba
un abismo de tres pisos:
Un nuevo foco de corrupción conyugal.
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Mientras íbamos y veníamos en la oscuridad, más
distantes el uno del otro a cada paso
ellos ya no estaban allí, estableciendo su nido sobre
una base sólida,
ganándose la simpatía del conserje, tan hosco con los
extraños como ansioso de inspirarles gratitud filial.
“No se les habrá escapado nada. Seguramente el nuevo
ascensorista recibió una propina”
“La pareja ideal”. A la hora justa. En el momento
oportuno.
De ellos, los invisibles, sólo alcanzábamos a sentir su
futura presencia en el cuarto vacío:
nuestras sombras tomadas de la mano entre los primeros brotes
de sol en el parquet.
un remanso de luz blanca nupcial.
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“Pueden verlo, si quieren
pero han llegado tarde”
Se nos haría tarde.
Se hacía tarde en todo.
Para siempre.

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Enrique Lihn

Recuerdos de matrimonio

Nueva poesía de América, 1970

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y no se va a morir nunca

Archivado en: david gonzález, poemas — Etiquetas: — loqasto @ 23:11

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El rompeolas

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mi padre
….se levanta temprano cada mañana
….para ir a nadar
….para ir a nadar
….a la piscina municipal en invierno
y..a la del mar cantábrico en verano
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….él se cree que así
….me comenta mi madre, escéptica
….no se va a morir nunca
-
….desde la ventana del estudio
….donde me encierro a escribir
….desde por la mañana temprano
y..durante las cuatro estaciones
….puedo ver la playa de mi padre
….la arena que está pisando
y..si tuviese a mano unos prismáticos
y..forzara un poco la vista
….podría, incluso, verle a él
-
….hace tiempo, años, que no le veo
….ni hablo con él
….ni siquiera por teléfono

….pero cuando luego
….retiro mi frente del cristal
y..acerco la silla
….apoyo los codos sobre la mesa
y..empiezo a escribir
….lo hago con la confianza
y..seguridad
….del que se sabe
….con las espaldas protegidas:
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….su padre está ahí afuera,
….nadando
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y..no se va a morir nunca.

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David González

El rompeolas

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piazza sant’alessandro, 6

Archivado en: josé agustín goytisolo, poemas — Etiquetas: — loqasto @ 22:49

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Querida Carmen hoy

no me importa lo que digan los periódicos

que prosigue la huelga de estudiantes

o que ataca el Viet-Cong

pues ahora

hace muy poco tiempo -tan sólo

unos minutos-

ha empezado a llover -es importante

el agua sucia empieza a resbalar

por las paredes forma

charcos brillantes cae saliva

de los coches parados en la calle

y los toldos se comban por el peso

del agua y es posible

que dure algunas horas el chubasco-

y yo estoy en un bar lleno de gente

con humo y mal olor de bocadillos

y bebo mi segundo

gin-tonic de la tarde y me he tragado

dos librium ya lo ves llevo la cuenta

y como te decía

ya no me importan nada las noticias

ni la gente que corre ni la vida

es decir que me importa sólo el agua

que está cayendo siempre con más fuerza

salpicando el cristal junto a mi cara

y pienso en cosas dulces y difíciles

-ser más guapo tener

a una chica bonita y cabreada

caminando a mi lado por un feroz pasillo

lleno de puertas altas y cuadros

de antepasados medio sifilíticos

que sonrían y en voces

hondas voces severas no como estas

que hablan de fútbol y de tonterías

con tono pegajoso y aburrido-

y esto me reconforta. Soy capaz

de amar a un elefante de tener

concomitancias con un gran marica

de prestar mi corbata

de jugar a fantasmas con mi prima

y me levanto llamo al camarero

-sigue lloviendo oh agua sucia cae

cae por favor

sobre la horrible piel de Barcelona

no te detengas hasta que me duerma-

y pago los gin-tonic y el tabaco

recojo mis papeles y estoy viendo

que hago nuevos proyectos imposibles

y cuando estoy a punto

de salir de una vez de este tristísimo

café de la puñeta ya me olvido

del hombre que yo fui hace diez minutos

de su ternura inútil de su frío

de las pastillas que necesitó

para decirle adiós al limpiabotas

y salir por la puerta en donde ahora

pienso en ti en tus pestañas y en tu abrigo

y te escribo enseguida

para que leas esto y me recuerdes

bebas un trago y otra vez me olvides.

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José Agustín Goytisolo
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Piazza Sant’Alessandro, 6
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con las correctas

Archivado en: elena anníbali, poemas — Etiquetas: — loqasto @ 22:35

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Sujeto a destrucción

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vino, a mi jardín,

la vaca sagrada de la literatura

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vino con su lomo de no ser montado,

con los dos ojos anhelantes de toro negro,

con los mugidos rotos de vaca vieja

a comerme las flores, vino,

a morderme la ropa tendida,

como un caníbal,

vino, como un político,

a arengarme, a pisotear mi casa,

a cagar en mis cortinas, vino,

sí, a meter bulla al vecindario

y sembrar la discordia,

a perder las manzanas nuevas,

las brevas de los higos

que crecían como pechos en

los árboles fragantes y altos,

a espantar los pájaros

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entonces,

harta, jodida,

le grité:“con tu leche a otra parte, vaca!”

y se fue con su vacuno trote

a jardines más fecundos

a mujeres más dóciles

a refregarse en sus faldas

como en un palenque

y se quedó ahí,

con las santas de siempre,

con las que hablan bajito

con las correctas

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Elena Anníbali

Sujeto a destrucción

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vestida en la bañera recité a rimbaud

Archivado en: isla correyero, poemas — Etiquetas: — loqasto @ 22:01

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Foto de boda

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………………………………………………………………….Como duele un dolor

…………………………………………………….no un sentimiento

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………………………………………………………………………………..A. Soler

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Como duele un dolor
no un sentimiento
así me dolió él
el que está ahí sonámbulo con cara de perrito
en nuestra boda
firmando
con la melancolía de los magos y los muertos
firmando con testigos
su madre
los compañeros familia hermano
mi padre y sus amigos de blanco
toda yo con mi qipao casi una japonesa
escucho el jazz del último verano caluroso
mi último sentido real del amor
vertiginoso que tuve
con el hombre que ardía por Dalí
y le gustaba toda la literatura
norteamericana
y más su música.

Me ponía en la cassette del coche todo.

Y en actos arriesgados acariciándome
o besándome las rodillas se pasaba
un minuto ahí como un torero
esperando al toro.

Creo que lo hacía
porque en el fondo deseaba
que muriésemos juntos.
Sí
era una idea muy romántica
él era así
tenía sólo 23 años y
no tuvo cojones para aceptar la vida conyugal...

A los siete meses del enlace se fue
cuando le dije que estaba
sensualmente embarazada.
Se fue sensualmente deseándome.
Él era así y llorando más.

Supongo que puso en su cassette del coche
a John Coltrane.
Yo
vestida en la bañera recité a Rimbaud:
«Ingerí un trago de veneno
Tres veces bendito sea el resultado.
Las entrañas me arden.»

De fondo la música de Bach
me persiguió como esta foto y como él
después de muerto
perro de los caminos.
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Isla Correyero
Foto de boda
De Amor tirano, 2003
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sugestivo y exacto como un cuchillo

Archivado en: poemas, vicente gallego — Etiquetas: — loqasto @ 21:44

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En las horas oscuras

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En las horas oscuras
que van creciendo en nuestras vidas
al igual que la noche se alarga en el invierno,
en esas horas, a menudo,
una imagen tenaz y hermosa me consuela.
Regreso hasta una playa de otro tiempo,
todavía cercano. Es un día precioso
de final de septiembre, brilla el mar
con su estructura lenta, sugestivo y exacto
como un cuchillo. Quedan
unos cuantos bañistas a esa hora
dudosa de la tarde, y no estoy solo,
un grupo de muchachas me acompaña;
el sol dora sus cuerpos de diecisiete años,
y es ya fresca la brisa, y en sus nucas
la humedad reaviva el aroma a colonia.
La tarde transcurre dulcemente,
y las muchachas ríen, y me dan su alegría,
aunque no amo a ninguna,
y hay un aire de adiós en cada cosa:
en el verano aquel, en los bañistas,
en aquellas muchachas
que desconozco hoy, y en la luz de la playa.
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Apuré aquel momento agradecido,
al igual que se goza un hermoso regalo,
en su dicha sereno, destinado a perderse
tras la felicidad frecuente de esos años.
Y ahora comprendo que en aquella tarde
algo más que belleza se ocultaba,
porque su luz me salva, muchas veces,
en las horas oscuras.
En las horas oscuras me consuela
una imagen tenaz de la alegría.
Y yo me pregunto por qué vuelve,
y qué es lo que perdí en aquella playa.
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Vicente Gallego
En las horas oscuras
La plata de los días, 1996
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